3 Cosas Que Los Abogados Deberíamos Dejar de Hacer Y Cómo Lograrlo

1. Dejar De Escribir Para Pensar, En Lugar De Pensar Para Escribir


Los abogados realizamos la  tarea de pensar escribiendo.

Suena raro pero es verdad.

Es la forma común que tenemos muchas personas de obligarnos a pensar. Incluso para preparar un discurso oral, lo hacemos  escribiendo.

Claro, así hacemos escritos kilométricosrepitiendo la misma idea en diversas versiones y bajo diferentes puntos de vista.

Tratamos de sacar lustre a las neuronas, a base de machacar las teclas del ordenador, mientras retorcemos el lenguaje con gerundios y frases subordinadas, porque no nos hemos parado a pensar antes lo que queremos decir.

Nadie nos ha enseñado a pensar. Los pasos elementales de este proceso orgánico ya no forman parte del contenido académico de ninguna titulación. Tampoco en la carrera de derecho, ni siquiera en el master de postgrado se estudia retórica o argumentación. Se da por supuesto de que todos nacemos sabiendo pensar.

Pensar es una función orgánica de tu cerebro, como la digestión lo es del aparato digestivo. Cuando te alimentas, piensas primero la comida que quieres comer, la compras, la concinas, la metes en la boca, la masticas y, después de todo esto, realizas un proceso de tragar y digerir.

Cuando escribimos, sin embargo, queremos que nos surjan las  ideas de la nada que es como pretender hacer la digestión, sin todo el proceso previo.

¿Cómo solucionarlo?

Yo utilizo una pizarra de vinilo o una cuartilla de papel, donde me hago el esquema del asunto, dice Solano.

Si decides comprar una pizarra, procura que no sea muy grande. Igual que no te aconsejo que utilices un folio en blanco de papel.

Si tu mente ve mucho espacio no esquematiza, redacta.  Acabarás escribiendo el recurso en la pizarra  o en el papel.

Se trata de anotar la idea central del asunto, los hechos relevantes y  su prueba a favor y en contra.

Las presunciones a favor,  que no las tienes que probar (como la presunción de inocencia de tu cliente),  y las que tiene la parte contraria y que tu debes rebatir; concretar lo que debes probar y lo que no, para ganar el asunto.

Anota también las cuestiones procesales; los derechos fundamentales que puedan afectar al asunto y el derecho positivo que regula la cuestión.

Tener el esquema a la vista, ayuda a gestionar las ideas.

Si la pizarra es pequeña y quieres conservar las ideas, antes de borrarla, haz una foto con el móvil para poder consultarla.

Con el esquema del asunto es más fácil plantear una lista de los argumentos y de las ideas. En los asuntos complejos, cuando te quedas sin ideas o estas agotado, mi mejor solución es comentar y debatir el asunto con otro compañero.

No hay atasco que no disuelva un par de cervezas con otros compañeros, para hablar del asunto.

2. Dejar De Amontonar Los Expedientes En Lugar De Archivarlos

Organizar tus expedientes

El orden para el abogado, es tan esencial como el conocimiento y la experiencia. Un abogado no puede ser desordenado.

Cada asunto es un proyecto que te da de comer. No puedes tener la fuente de tus ingresos por los suelo.

Me sueles decir que los tienes ordenados. En montones, pero ordenados: El montón de asuntos del turno de oficio, en esa otra silla los asuntos pendientes de cobrar….

¿Cómo solucionarlo?

Si no te da la vida, te propongo que sigas este sabio consejo inspirado en Santa Teresa “La paciencia todo lo alcanza”: Ordena tus expedientes poco a poco.

Comprate un archivador y un programa de gestión y cada día ve introduciendo dos  o tres expedientes en el programa y en el archivador.

3. Dejar De Vincularte Con El Problema Del Cliente

Poner un stop a la situación

La abogacía, nos dice el artículo 1 del Estatuto de la abogacía española, es una profesión libre e independiente.

El abogado debe ser libre e independiente de los intereses del cliente, de las emociones del cliente y, por supuesto, libre de los intereses y de las emociones del asunto que defiende.

Voy a plantearte algunas situaciones frecuentes, en las que perdemos nuestra libertad y nuestra independencia.

La Cuota Litis

Si cobras solo un porcentaje en función del resultado (“Cuota Litis”) la remuneración de tu trabajo, que debes ejecutar de forma libre e independiente, dependerá del resultado del pleito. Perder o ganar el asunto, dejará de serte indiferente, para convertirse en la clave para cobrar tu trabajo  y te verás haciendo cosas que deontológica y moralmente nunca deberías hacer. Ganar o perder  el pleito, deja de ser un acto de acto de la justicia, para convertirse en la clave de tus ingresos.

Pese a que esto es obvio, nuestro Tribunal supremo, en su sentencia de 4 de noviembre de 2008, en aras a garantizar la libre competencia del mercado interior,  permitió la cuota Litis, es decir cobrar solo si el asunto se gana;  criterio que en mi modesta opinión quiebra el derecho de defensa que es un derecho fundamental pues, si la defensa debe ser libre e independiente y la cuota Litis corrompe esa independencia, el derecho fundamental también se corrompe.

La defensa libre e independiente, como derecho fundamental de la persona, no pueden formar parte del comercio de las gentes. No es algo con lo que se pueda negociar. Tener una defensa que no sea libre e independiente, agrede no solo los derechos del cliente que lo acepta, sino que también afecta a los derechos de la parte adversa y de la propia administración de justicia, cuando soportan recursos y procesos, movidos por la codicia del letrado más que por la libertad e independencia que debe presidir la abogacía.

¿Cómo solucionarlo?

Cobrar seguro del seguro. Pídele a tu cliente su póliza de su seguro de todo riego del hogar y comprueba la cobertura del derecho de defensa que la mayoría de los seguros contemplan. Prepara el escrito de libre designación del cliente dirigido a su seguro seguro conforme permite el art. 76, d) de la Ley 50/1980 de 8 Oct. (Ley del contrato de seguro):El asegurado tendrá derecho a elegir libremente el Procurador y Abogado que hayan de representarle y defenderle en cualquier clase de procedimiento.”

Ten presente estas dos matizaciones:

1º Que el seguro pagará directamente a tu cliente la minuta que previamente este te haya abonado. Por ello en la carta que redactes en nombre de tu cliente para designarte como su abogado, no olvides pedir a la cuenta de seguro que abonen los honorarios directamente al letrado en la cuenta que al efecto designes.

De este modo la cuenta de seguro te abonara a ti directamente el pago de los honorarios.

2º Comprueba el límite de  la póliza para cada siniestro en ocasiones es muy bajo.

Vinculación Emocional

Cuando las emociones dirigen las acciones: se pierde la razón, se exageran las consecuencias, se alteran los hechos y se precipitan las acciones.

El Contagio De Las Emociones

La inmensa mayoría de los problemas jurídicos, alteran el estado emocional del cliente.

El cliente contrata a su abogado  para que le dé un asesoramiento objetivo, libre e independiente.

Las Emociones Se Contagian

El cerebro dispone de neuronas espejo, que captan y copian las emociones ajenas.

Si en tu trabajo te contaminas con cada asunto y no eres consciente de ello: llenarás tu vida de angustia, convertirás tu trabajo en un suplicio, perderás la ilusión del comienzo y terminarás abandonando la profesión.

Cuando el agobio y la culpa te inunden y no puedas descansar, piensa que es también tu trabajo quien te exige que descanses que desconectes. Para seguir trabajando es imprescindible aprender a descansar, como ahora te explico.

El Ego Del Abogado

La libertad e independencia también incluyen al ego del abogado.

Cuando el abogado estudia un asunto y encuentra una idea genial que puede lograr que le den la razón a su cliente, el ego del abogado toma las riendas del proceso.

Cuando el ego del juez, desprecia al abogado. El ego del abogado toma las riendas del proceso.

Cuando el desorden del abogado, consagra el olvido en su proceder, el miedo del abogado se adueña del ego, y toman las riendas del asunto.

Recuerda: el ego del abogado no forma parte del problema jurídico, como la mancha en el cristal, no forma parte del paisaje que trasluce.

¿Cómo solucionarlo?

Medita cada mañana.

Medita en silencio para conocerte a ti mismo y saber porqué reaccionas de ese  modo, cuando la vida te aprieta.

Medita para amarte a ti mismo.

Medita para amar  a los demás.

Medita para aprender a vivir.

Medita para disfrutar de la vida y actuar, en lugar de reaccionar.

Haz ejercicio y aprender a comer sano.

Disfruta cada día como si fuera el primer día de tu vida.

Estrena la vida cada mañana.

Vive!

Originalmente publicado por Saturnino Solano el 26/12/2017 en Abogados del Siglo XXI.

 

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